Escuchar y Ayunar
Queridos hermanos de las Angustias y querida familia de la fe. Cuando tengáis en vuestras manos este boletín estaremos ya en plena Cuaresma, tiempo de gracia que nos regala la Iglesia para “escuchar y ayunar” y para la “conversión”, como el propio Papa León XIV nos dice en su mensaje para la Cuaresma de 2026. Me vais a permitir que comparta con vosotros algunas de las palabras que nuestro Pontífice nos regala en su primera cuaresma como guía y pastor de la Iglesia Universal.
“La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida”
La primera invitación es “poner el misterio de Dios en el centro de nuestra vida”, poner el misterio de la muerte y la resurrección del Señor en el centro de nuestra vida, de nuestra casa, de nuestros amigos, de nuestras comunidades cristianas, de nuestra Iglesia, de nuestras hermandades. Hay ocasiones que vivimos en un “despotismo religioso” y sin darnos cuenta, tan solo por la dinámica en la que nos encontramos y en la que paramos poco para orar. El despotismo ilustrado se hizo famoso con aquella sentencia: “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Nosotros también podemos vivir así: “todo para Dios, pero sin Dios”. Y no lo hacemos intencionadamente, sino que el día a día va a un ritmo en el que ponemos el “piloto automático” y si no nos paramos si con Dios tomamos las decisiones, con Dios pensamos las cosas, con Dios optamos, con Dios organizamos y con Dios vamos trabajando. Solo con él es posible la conversión del corazón. Sé y me consta que todo lo que en la hermandad y en las hermandades y en las comunidades cristianas se hace y se organiza es para gloria de Dios y para gloria de nuestros benditos titulares, pero hay que pararse y hay que ver cómo lo estamos haciendo. Entramos en una vorágine (“remolino impetuoso” es de su significado) en la que no nos percatamos cuál es el criterio de nuestras decisiones y opciones. Invitados a “todo para Dios, pero con Dios”. Y sobre todo “para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas”, como dice el Papa León.
Para ello nos propone el Papa León en su carta: ESCUCHAR Y AYUNAR
Escuchar
“Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro”: Dios escucha a su pueblo, su pueblo tiene que escuchar a su Dios. Nos invita el Papa a tener la disposición interior de receptividad para dejarnos instruir hoy por Dios para poder escuchar también al hermano y sobre todo al hermano que sufre.
En ocasiones somos tan cuadriculados, estamos tan seguros en lo que “siempre se ha hecho”, en lo que “llevamos toda la vida haciendo”. Hay ocasiones que “toda la vida” son diez, veinte, treinta años. Y eso le damos la categoría de toda la vida. Y lo utilizamos para quedarnos en la tibieza de lo que ya conocemos o bien para asegurarnos nuestra posición, nuestro lugar en la hermandad o nuestra zona de confort. Es más fácil quedarse en lo que “siempre” se hizo, en lo que desde “siempre” sé y conozco (siendo tan relativo esa categoría de tiempo), que abrir mi oído y mi corazón a lo nuevo. Por eso nos invita el Papa León a ESCUCHAR, sin miedo a lo nuevo, sin miedo a salir de mi zona de confort. Recordad en la Biblia que siempre que Dios llamaba a una persona o al pueblo de Dios dejaban su zona de confort y se ponían a caminar a un lugar nuevo, a una tierra nueva que ni siquiera ellos conocía. Es necesario hacer un acto de fe, un acto de confianza.
Ayunar
“El ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión”. Reconoce el propio Pontífice el ayuno como un instrumento, nunca un fin en sí mismo, para poder escuchar a Dios y al pueblo de Dios. Desgraciadamente dentro de la propia Iglesia se escuchan voces que dicen que el “ayuno es una tontería”. Es importante darle un sentido al ayuno y la abstinencia. Al respecto comenta el Papa: “el ayuno nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien”. He aquí la clave: es una ayuda para purificar los deseos personales, es una ayuda para hacerme más libre porque me ejercita la voluntad y me ayuda a saber refrenar el impulso que a veces me hace decir o hacer cosas que no están bien, y me ayudan para hacer el bien. Si no es así, no estamos practicando el ayuno que Dios quiere.
El Papa nos propone un ayuno: “me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz”.
Pues hasta aquí lo que como director espiritual y como párroco quería compartir con vosotros. Feliz y Santa Cuaresma. Tan solo me queda despedirme de vosotros y lo hago con las mismas palabras que utiliza el Papa:
Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.
Manuel Ávalos Fernández, pbro.
Párroco de Santa Maria y San Sebastián
Estepa
Ginés González de la Bandera Romero

